Los médicos la ignoraban cuando decía que su hijo estaba mal - pero ella sigue su instinto y le salva la vida

Los médicos la ignoraban cuando decía que su hijo estaba mal - pero ella sigue su instinto y le salva la vida

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Una madre a quien los médicos le dijeron insistentemente que su hijo tan sólo tenía un resfriado, salvó la vida de su hijo al decidir ignorarles y seguir sus instintos. 

Jennie Sandberg estaba segura de que su hijo Frank estaba seriamente enfermo. Una y otra vez le llevaba a los médicos para que le examinaran, y finalmente descubrieron lo que estaba mal.

Fue su instinto y persistencia lo que salvó su vida.

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Frank tenía sólo diez días de vida cuando Jennie se lo llevó al departamento de cardiología infantil del South Hospital en Estocolmo, Suecia, para que le examinaran el corazón. Era su cuarta visita al médico, y hasta entonces los doctores tan sólo le inyectaron, controlaron su respiración y funcionamiento del corazón, haciendo numerosas pruebas en el proceso. 

"Pero cada vez la respuesta era la misma: tan sólo tiene un resfriado, vuelve si se pone peor. Es la noticia que quieres escuchar, que no hay peligro, pero mi instinto decía algo completamente diferente", Jenni escribió en un artículo en la página de internet sueca Mabra.

Pero esta vez el médico no dijo que era sólo un resfriado. Esta vez miró a Jennie seriamente a los ojos y le dijo que sabía lo que estaba mal en Frank.

"El tiempo y mis pensamientos se detuvieron. Tuve tiempo de sentir alivio porque finalmente tenían un diagnóstico. El impacto me hizo recordar todo, usando todos mis sentidos. No me perdí un detalle, incluso el olor de los rotuladores mientras el joven médico usaba la pizarra blanca para calcular la dosificación de las medicinas salvadoras que tenían que tomarse".

Frank tenía un estrechamiento severo de la aorta y necesitaba cirugía para sobrevivir. De repente la habitación estaba llena de médicos. Jennie escuchó la llamada a los especialistas en el hospital para que vinieran.

Fuente

Minutos antes, el médico había achacado los síntomas de su hijo a un resfriado - pero ahora tenía que llevar urgentemente a Frank a la sala de emergencias en el Hospital de niños Astrid Lindgren para recibir cuidados intensivos. 

Jennie llamó a su marido Peter y le dijo lo que sucedía. Fue el principio de una pesadilla para los padres que ahora tenían que ver a su hijo entre la vida y la muerte.

Un día después, Frank voló en una ambulancia aérea a Lund. Jennie y Peter tomaron el tren y llegaron al hospital cuatro horas después que Frank. Jennie las describió como las peores horas de su vida. Pensó en pequeños ataúdes y practicó el decirles a sus otros hijos que Frank había muerto ahí, decirle a sus otros hijos que Frank no vivía más.

"Las horas pasaron y no obtuvimos respuesta. ¿Él aterrizó ya?¿Él está vivo? Mi cuerpo empezó a reaccionar con miedo, luto y shock. Empecé a temblar incontroladamente. Peter me confortó, tratando de darme algo de la fuerza que le quedaba, pero no funcionó. Me derrumbé y no podía ni llorar, tan sólo temblé. Recé a Dios, recé por Frank".

Al final contactaron con los médicos en Lund y nos dijeron que Frank estaba vivo y que el viaje había ido bien. Jennie empezó a sentir un poco de esperanza.

Unos días después, a Frank le practicaron una cirugía. Después de ella, un médico llamado Torsten llamó a Jenni para darle a conocer los resultados.

Él dijo que la cirugía había ido bien. También le dijo que Frank tenía un estrechamiento severo de la aorta y que nunca habría sobrevivido sin la cirugía. Fue clave que Jennie buscara tratamiento a tiempo.

Frank estaba vivo, pero todavía llevó tiempo hasta que Jennie se atrevió a creer que Frank sobreviviría. Tan sólo después de la segunda revisión se pudo relajar. En el día de San Valentín bautizaron a Frank frente a 100 invitados. Su segundo nombre fue Torsten, en honor al médico que salvó su vida.

Fuente

Hoy Frank tiene 2 años y está muy bien. Pero Jennie a menudo piensa en lo que habría pasado si no hubiera insistido a los doctores cuando Frank se enfermó. Si ella no hubiera confiado en sus instintos.

Estoy tan feliz de que Jennie no se rindiera y rechazara creer a los médicos cuando le dijeron que su hijo sólo tenía un resfriado. ¡Una madre siempre sabe lo que es lo mejor!

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