Su abusadora en la escuela le hace la vida imposible, pero lo que ella hace para vengarse no tiene precio.

Su abusadora en la escuela le hace la vida imposible, pero lo que ella hace para vengarse no tiene precio.

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Muchos de nosotros sabemos lo que es tener que soportar en la escuela o el instituto a los clásicos abusadores. Esos niños que parecen disfrutar torturando física y psicológicamente al resto, sobre todo a los más estudiosos o débiles. Son niños o niñas problemáticos que a menudo necesitan una buena lección, como la que le dio a su abusadora la niña de esta historia. Yo no sé si la historia ha ocurrido en la vida real pero acá la comparto con ustedes.

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El relato, que ha circulado mucho por Internet, dice lo siguiente.

“En la escuela elemental yo no era la niña más popular, me gustaban los libros, llevaba lentes, tenía un poco de sobrepeso y sacaba buenas notas. La típica empollona. Por supuesto que tenía amigos, pero solía ser objeto de burlas como “empollona” o “gorda”. Un día en clase estaba haciendo un trabajo sentada frente a una de las chicas (llamémosla abusadoraJ), quien siempre disfrutaba riéndose de mi . La chica por alguna razón estaba golpeando sus pies en el suelo como una loca (no como alguien que mueve su rodilla nervioso, sino subiendo y dejando caer las piernas).

Las ondas masivas generadas por sus patadas de dinosaurio terminaron por hacer caer sus lentes del escritorio a un lugar bajo sus pies. Siendo la buena chica que soy le grité “¡AbusadoraJ, para, vigila tus pies!”. Detuvo su pie a pocos centímetros de sus gafas, entonces me miró y preguntó, “¿Por qué?”.

En ese instante podría haberle dicho que estaba a punto de romper sus lentes, pero por alguna razón no lo hice. Resulta que yo no estaba llevando las gafas en ese momento, así que le dije, “estás a punto de pisar mis lentes”. En el rostro de la abusadora apareció la mayor de las sonrisas, levantó su pie y aplastó sus propios lentes. La abusadoraJ oyó cómo se rompían y doblaban, todavía sonriendo sin dejar de mirarme. Cuando las levantó y las miró, y se dio cuenta de que eran las suyas, empezó a llorar desconsoladamente. Fue hacia la profesora.

Fue fantástico.


¿Te gustó su dulce venganza? ¡Compártela con todos aquellos que tuvieron que soportar a los temidos abusadores y alégrales el día!

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