Las relaciones a largo plazo no siempre se alimentan de fuegos artificiales. A medida que la emoción del nuevo amor se desvanece, muchas parejas se acomodan en rutinas que les resultan cómodas, pero no siempre apasionadas.
Sin embargo, mientras que algunas parejas aceptan esas fases más tranquilas, otras buscan formas audaces de reconectar.
Para Brittany Gibbons, esa búsqueda la llevó a tomar una decisión radical. Decidió tener relaciones sexuales todos los días durante un año entero.
Pero lo que comenzó como un reto personal acabó transformando mucho más que su intimidad. Cambió la forma en que veía su cuerpo, su confianza y a sí misma.
Un compromiso radical
Brittany Gibbons, escritora de Women’s Health, habló abiertamente sobre su compromiso de un año de practicar sexo a diario con su marido. Y, a pesar de lo que muchos piensan, insiste en que el experimento no tenía como objetivo salvar su matrimonio.
«Era por mí», explicó Brittany.
También respondió a una pregunta que le hacen con frecuencia: no, no se trataba de tener diferentes parejas ni de causar impacto. El reto era literal y exclusivo: tener relaciones sexuales todos los días, durante un año completo, con su marido.
Dejar atrás las inseguridades
Uno de los mayores cambios que Brittany notó fue en cómo veía su propio cuerpo. En lugar de obsesionarse con los defectos que percibía o preocuparse por cómo se veía durante la intimidad, su enfoque comenzó a cambiar.
A los seis meses, experimentó un momento decisivo. Dejó de usar la camiseta que había usado durante mucho tiempo para ocultar su cuerpo.
«Por primera vez, me preocupaba más disfrutar de cada parte del sexo que encontrar un ángulo favorecedor para ocultar mi barriga o la grasa de la espalda», compartió.
Lo que más le sorprendió fue lo liberador que resultó darse cuenta de ello.
«Los dos disfrutábamos de mi cuerpo por igual», afirmó.
Confianza más allá del dormitorio
A medida que avanzaba el año, la confianza de Brittany no hizo más que crecer. Al final del reto, bromeó: «Al cabo de un año, dejé de llevar ropa».
Aunque admitió que sus hijos quizá no estuvieran de acuerdo con ese enfoque, lo importante estaba claro: ya no sentía la necesidad de ocultar su cuerpo.
Incluso los momentos cotidianos empezaron a parecer diferentes.
«Dejé de correr desnuda desde la ducha y ahora caminaba tranquilamente desnuda hasta el armario», dijo, describiendo cómo su nivel de comodidad había cambiado por completo.
Los cambios físicos no fueron los únicos que importaron. El reto también transformó la cercanía emocional de Brittany con su marido.
«Preparaba los almuerzos escolares en ropa interior y no me apartaba instintivamente cuando Andy se acercaba por detrás y me rodeaba la cintura con los brazos», compartió.
Esa apertura, dijo, se tradujo en un sentido más profundo de afecto, comodidad y conexión, algo que se había desvanecido silenciosamente antes de que comenzara el experimento.
Al final del año, Brittany se dio cuenta de que el impacto iba mucho más allá del sexo.
«Mi relación con mi marido y con mi cuerpo había cambiado de una manera increíble», reflexionó.
Lo que comenzó como un atrevido reto personal se convirtió en un poderoso recordatorio de que la confianza, la intimidad y la autoaceptación pueden evolucionar, incluso en el amor a largo plazo.
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