Anciana se queda mirando a su hija con síndrome de Down – las 10 palabras de una extraña hacen llorar a la madre

Tener hijos es un trabajo a tiempo completo y muchos padres tienen que trabajar mucho para encontrar momentos de tranquilidad

Un día, para relajarse un poco, esta madre llamada Pam se fue con sus dos hijas a una cafetería llamada Tim Hortons. Desafortunadamente, un extraño logró destrozar este momento en familia.

Una señora se sentó y empezó a mirar a sus hijas Emma y Sophia. Ella y su amiga cuchicheaban y apuntaban a Sophia.

Sophia nació con síndrome de Down y Pam está acostumbrada al hecho de que mucha gente la mira demasiado y se ríe de su hija, lo que no significa que esté bien.

Sophia no nota que la gente se burla de ella, pero el corazón de su madre queda muy herido cuando no tratan a su hija como a cualquier otra niña.

 

© Facebook/Sliceoflife
 
“Me senté ahí y vi a estas dos mujeres girarse para poder verla mejor (Sophia). No se inmutaron cuando las miré también. Me enfadó, me enfadó increíblemente”, dice Pam.
 
Otra pareja se acercó a la mesa y ahí Pam explotó. Estaba loca de rabia cuando la pareja se acercó más para ver mejor a su pequeña.
 
Pero pronto Pam quedaría muy abrumada.
 
La pareja no tenía malas intenciones. De hecho, el hombre chocó la mano de Sophia y la saludó. Sophia respondió con una sonrisa y risas.
 
Entonces el hombre miró a Pam con lágrimas en los ojos.
 
Me dijo que tenía una historia que quería compartir. Él no estaba seguro de poder contarla sin que las palabras temblaran en su garganta, pero Pam le animó a seguir hablando.
 

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El hombre explicó que había mirado las noticias esa tarde. Era una historia sobre una madre con un hijo con una discapacidad severa. Ella defendió su derecho a criar a su hijo y no abortar, como se lo había recomendado el médico.
 
“Él tan solo me miró antes de girarse y dijo: ‘ Eres una persona hermosa. Tu hija es hermosa. ¡Felicidades!'”.
 
Pam rompió en llanto, arrojó lágrimas de alegría y compasión, porque alguien finalmente se daba cuenta de la bendición que era su hija.
 
Pam dijo:
 
“Inmediatamente empecé a llorar. Ahí me senté en medio de un café y lloré con una servilleta de papel. Este hombre era un completo extraño, pero fue uno de los primeros en felicitarme por mi hija Sohia. Fue el primer extraño que vio el valor que tenía como ser humano. En un mundo donde la gente chismorrea y se ríe de mi hija, este hombre vio lo mucho que ella importa”.
 


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