Quería sacrificarse por un matrimonio que no funcionaba. Pero un encuentro lo cambió todo.

En la vida algunos caemos en la trampa de sacrificar nuestros deseos, carreras, aficiones, sueños y demás proyectos de vida por el supuesto bienestar de otros.

No se equivoquen, no digo que sea malo darle ese trozo de chocolate más grande a nuestra persona amada o dejar de ver ese partido de fútbol para ir a ver la función escolar de nuestra hija.

Me refiero a los sacrificios que suponen renunciar a algo importante para nuestras vidas, algo que llena nuestras aspiraciones como individuos.

Por este motivo, me pareció muy inspirador el cuento que encontré y quiero compartir ahora, refleja muy bien lo absurdos que son a veces esos sacrificios.

 

Las historia empieza con dos mujeres que se encuentran en la fila de los sacrificios.

-¿Es aquí la fila de los sacrificios?, pregunta una.

-Sí, aquí es, responde la otra. “Usted es la número 36 y yo la 35.

-Estupendo muchas gracias. ¿Te importa que te pregunte qué has venido a sacrificar?

-No, claro, hablar acortará la espera… He venido a aquí a sacrificarme por mis hijos, yo lo doy y daré todo por mis hijos.

– Ah muy bien, la familia es lo primero.

-Claro que sí. ¿Y tú? ¿Qué has venido a sacrificar?

-Yo traigo mi relación de pareja, voy a sacrificarla para proteger a mi familia. En realidad tengo esposo, pero hace años que él tiene un amante y yo, aunque sufro horriblemente, he ahogado mi dolor para proteger a mi familia. Estamos casados, no voy a terminar con mi matrimonio, es sagrado.

-Claro, claro, la familia… Dice la otra mujer asintiendo con la cabeza

En ese momento abren la puerta y alguien grita: “¡El número 35! ¡Pase!”

-¡Por fin mi turno!, dice la primera mujer, antes de desaparecer tras la puerta.

 Cinco minutos después vuelve salir con su cara algo sombría.

– ¿Qué pasó?, le pregunta la mujer que iba a sacrificar su relación.

– Mmmmmm, pues no sé qué decirte, creo que me voy a pensar lo del sacrificio.

-¿Y eso por qué?

-Me mostraron un video del futuro donde podía ver a mis hijos ya mayores. Lo peor es que ninguno de ellos daba valor alguno a mi sacrificio. Mi hija mayor vivía lejos y mi hijo me llamaba a desgana una vez al mes. ¿No tienes algo que hacer con tu vida? Me recriminaba.

La mujer que iba a sacrificar su relación vio cómo la otra desaparecía abrazada a su sacrificio para pensárselo en casa, cuando escuchó cómo decían su número.

 -Muy buenas. ¿Qué ha venido a sacrificar usted hoy?, le preguntó el hombre dentro de la oficina.

– Mi relación de pareja.

-¿Y por qué?

-Es una relación corta pero muy intense, hermosa. Hace solo seis meses que nos conocemos y es como si le conociera de toda la vida, la pasamos muy bien.

-¿Entonces cuál es el problema?

-No puedo seguir con esta relación por el bien de mi familia.

-¿Qué familia?¿Por qué quiere conservarla?

-Tengo esposo, aunque él tiene una amante, hace tiempo que se que se ve con ella. Me miente mucho, sufro, lloro y a veces no creo que pueda soportarlo mucho más.

-¿Entonces?

-Y entonces conocí a este hombre y surgió una chispa increíble entre los dos.

-Y usted quiere sacrificar esta nueva relación…

-Claro, por el bien de la familia.

– ¿Pero qué familia?¿No me ha dicho que su esposo le es infiel? ¿Que usted ama a otro hombre? ¿Qué tipo de familia es esa?

-Eso no importa, estamos casados por ley.

-Ah, ya entiendo, esta familia la hace feliz.

-¿Feliz? ¿Está de broma? ¡Es horrible! Siempre estoy llorando y pasándolo mal.

-¿Y entonces por qué no quiere cambiarla por la nueva relación?

-Es que no es una relación tan seria, es nueva, no ha pasado tiempo, no me da pena dejar a mi marido.

-Bueno, sacrifíquela entonces.

-¿Pero ustedes no mostraban vídeos del futuro? Me gustaría saber si tomo la decisión correcta.

-No, en este caso creo que basta con mostrarle un vídeo del presente, mire esto.

-¿Perdone? ¿Qué es eso? Yo no me veo así de horrible.

-Claro que sí, éste es un vídeo que refleja su alma, cansada, triste, llena de ojeras, el pelo seco, los ojos perdidos…

-¿Y ese niño pequeño colgado de mi cuello quién es?

-Ese es su marido.

-¡Qué está usted diciendo, mi marido es un adulto!

-Pero de alma es como un niño que la trata como su mamá. Usted cuida de él, él hace sus travesuras y vuelve a casa para que usted le regañe y le perdone, porque su amor es incondicional.

-Sí, esa historia me suena. Él llora desconsolado y me pide perdón y yo siempre acabo cediendo… Pero me da tanta pena.

-¿Quiere decir que él dice que la necesita no que usted lo necesite a él?

-Es que en realidad a mi me enseñaron que yo tenía que ser la fuerte, que las personas buenas tienen que ayudar a los demás, a preservar su familia y cuidar de su esposo.

-Bueno, usted más bien es una mamá fuerte que cuida a su niño-esposo, que lo regaña y a la vez le consula y le perdona.

-¡Pero yo no soy su mamá, soy su esposa! Y en esta pantalla él parece tan culpable, seguro que ahora estará con esa pelandrusca. ¡Pero yo lo quiero!

-Claro, es su niño, él juega en el parque y luego vuelve con su mamita, con quien llora, reconoce su culpa y a quien pide perdón. Bueno, entonces qué ha decidido. ¿Va a sacrificar esta nueva relación por su niño-marido?

-¿Pero por qué no me quiere mostrar mi futuro?

-No se lo muestro porque no existe. Con este presente su niño-marido se va a ir, no con otra mujer, probablemente tarde o temprano quiera crecer, todos queremos crecer.

-¿Pero entonces qué hago? ¿Para qué voy a sacrificar mi nueva relación si no hay futuro en la que tengo?

-Eso es lo que me extraña. ¿Por qué quiere sacrificarla usted? ¿Le gusta ser una mamita-esposa?

-¡No! Yo quiero ser sólo una esposa y que me ame como merezco.

-Bueno, algo de eso tiene. A las mamás también las quieren, casi siempre. ¿Quiere conservar a su esposo niño entonces?

-No sé, creo que tendría que reflexionar un poco.

-Claro mujer, piénselo, analícelo…

-¿No me podría dar un consejo sore qué hacer para que mi esposo deje de ser un niño?

-Muy fácil, deje de ser su mamita. Aprenda a ser una mujer seductora, misteriosa, deseable, una a la que quiera regalarle flores, bombones, no una a la que acuda sólo para lloriquearle en las rodillas.

-¿Y eso funcionará?

-Normalmente nunca falla. Y si no, pues oiga, venga aquí que con gusto sacrificamos su nueva relación. ¡Con la de gente que busca amores como ese!

-Mmmm, sí, creo que tengo que pensarlo.
 

Una vez fuera, la mujer empezó a caminar abrazando, junto a ella caminaban también miles de hombres y mujeres abrazados a sus anhelos, sueños, deseos, talentos y oportunidades que estaban dispuestos a sacrificar.

Todo en su justa medida tiene sentido. Personalmente creo que sería muy fácil pensar que tendría que abandonar a ese hombre, pero como se dice en la historia, quizá no haya que darse por vencido, quizá hay que reconquistar a la pareja, hacer todo por se feliz a su lado. Y si nada funciona, entonces hay que dejar ir. No tiene sentido sacrificarse por algo en lo que hay amor. Es mejor romper el papel de un matrimonio que vivir con el corazón roto en una relación acabada. ¿Qué opináis? 

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